En las últimas décadas,
se ha experimentado una profunda transformación del paisaje, afectando de forma
considerable a los sistemas ecológicos y ambientales de nuestras ciudades.
Según los informes de las Naciones Unidas, más del cincuenta por ciento de la
población mundial vive en las zonas urbanas, proporción que aumentará al
setenta por ciento en los próximos cincuenta años. Es innegable que existe un
fuerte crecimiento urbano, que afecta al paisaje urbano que habitamos.
Hoy en día, es un hecho
comprobable que el deseo de estar en contacto con la naturaleza o al “aire
libre” va cobrando cada vez más interés. La mera presencia de espacios verdes
urbanos en las ciudades constituye uno de los aspectos empleados hoy en día
para medir el grado de calidad de vida de los ciudadanos. Más allá de las
consideraciones estéticas, la naturaleza urbana empieza a ser percibida como un
elemento integrador entre las valoraciones económicas, ambientales y sociales,
así como un elemento de identidad y referencia.
No obstante es
paradójico, mientras que por un lado, la población busca un contacto cada vez
mayor con la naturaleza “no artificial”, por otro, las ciudades construyen cada
vez más espacios naturales fríos y sin identidad.
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